"El que sube a las montañas más altas
se ríe de todas las tragedias,
reales o imaginarias"
- Friedrich Nietzsche (Filósofo alemán) -
Al final de la llanura se eleva la montaña, imponente, sobrecogedora y cautivadora, testigo del paso del tiempo e inmortal.
Han pasado milenios y la montaña resiste, privilegiada en las alturas dominando la llanura ha sido testigo de mil batallas y avatares, de tormentas y sinsabores que han azotado sus laderas y su cumbre.
Algunas heridas muestra en sus diversas grietas, unas grandes, otras leves, todas configuran y dan forma a su aspecto actual, a su presente, aún así continúa en pie dominando el horizonte.
Puede que sus heridas contribuyan a moldear su forma, pero su esencia se mantiene intacta, pues continúa siendo una montaña, bella y esplendorosa ante el que la observa y con un corazón fuerte que la mantiene erguida, con su sólida base anclada al suelo y su cumbre ligera acariciando el cielo.
Es la montaña, sinónimo de grandeza y esplendor,
de fortaleza y resistencia, y por qué no, de vida.

