La búsqueda se inició pronto, algo se había perdido y Maya al fin era consciente de lo que era, o más bien de lo que le faltaba desde hacía ya unos años.
Años difíciles que habían dejado a Maya vacía por dentro, agotada emocionalmente no veía claro su futuro y lo que es más preocupante, su presente.
Totalmente desorientada pasaba los días hasta que un acontecimiento cotidiano, al tiempo que extraordinario, la hizo darse cuenta de aquello que a ella le faltaba para volver a sentir y vivir en plenitud.
El momento se dio mientras ella caminaba por la calle y observó la reacción de sorpresa de un niño ante una fuente que con varios caños de salida de agua situados en el suelo, jugaba ilusionado y entusiasmado a averiguar por cual de aquellos caños iba a salir el agua a continuación.
Una fuente que expulsaba agua de manera aleatoria por los diferentes caños que la componían, un niño jugando y Maya tomo conciencia de su situación, de lo que a ella le faltaba desde hacía ya demasiado tiempo, ilusión.
Ilusión por las cosas sencillas y motivación para ponerse en marcha de nuevo con energías renovadas. La ilusión que te impulsa a hacer cosas, a iniciar proyectos con alegría.
Maya ahora era consciente de su déficit de ilusión, de ese elixir mágico capaz de cambiarlo todo, ahora debía ponerse a pensar en algo que le vuelva a generar ilusión, ¿qué la ilusionaba en el pasado?, ¿qué podría hacer en el presente que le devolviese las ganas de vivir y de reír como antaño?
Tenía trabajo por delante y eso ya era de por sí "ilusionante". Su búsqueda se activó y en su camino de autoevaluación nunca dejó de acordarse del niño jugando en la fuente.
Maya estaba renaciendo sin ella ser todavía muy consciente.







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