"Cuando eres observador,
todo el mundo es tu maestro"
Mitos y leyendas forman parte del arraigo cultural de todas las civilizaciones, muchas de estas historias han llegado hasta nuestros días, si son realidad o ficción nunca lo sabremos pero tampoco importa mucho, pues la esencia de lo que cuentan no está en la historia narrada sino más bien en el mensaje que transmiten.
Héroes, heroínas, villanos y monstruos forman parte de los personajes que dan forma a la historia contada. Ya sea de manera visual, oral o escrita nos sumergen en un mundo de fantasía y por regla general en la eterna lucha entre el bien y el mal.
Los seres humanos necesitamos creer que a pesar de las dificultades, el bien al final se abrirá camino ante el mal y aquí subyace el mensaje principal de estos relatos, que no es otro que la confianza, la fortaleza y lo más importante, la inquebrantable esperanza que muestran los personajes principales, los héroes y heroínas normalmente representados a nuestra imagen y semejanza para que de esta manera nos sea más fácil identificarnos con ellos.
Por contra, el mal suele representarse con monstruos o seres un tanto desagradables e inmorales.
Esperanza, ese estado de ánimo optimista, esa creencia en que un resultado favorable es posible, esa fuerza interior que impulsa a actuar y seguir adelante ante la dificultad.
Este es el mensaje subyacente tan necesario para los seres humanos que nos trasladan esos relatos, mitos, fábulas y leyendas.
Necesitamos creer en que un mundo mejor es posible y que por muy mal que vayan las cosas, al final todo mejorará, el bien se impondrá y la luz volverá a brillar en los corazones de la gente.
Estas historias tienen una función esencial, pues evitan precisamente que la luz se apague definitivamente, manteniendo una ligera, tenue y latente lámpara encendida en nuestros corazones, impidiendo con ello que los mismos se oscurezcan y acaben convertidos en piedra.








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