Zenón de Citio fundó, alrededor del año 300 a.C. la escuela de filosofía estoica. Sostenía que el hombre sabio debía estar libre de pasiones, impasible ante la alegría o el dolor, y sumiso a la ley natural.
Los principios fundamentales del estoicismo son tres:
- Diferenciar lo que puedes controlar de lo que no.
- Actuar lo mejor que sepas en lo que puedes controlar.
- Aceptar de la mejor manera aquello que no puedes cambiar.
En cuanto a las virtudes del estoicismo, son cuatro: sabiduría práctica, justicia, coraje y templanza.
La regla de oro del estoicismo: "trata a los demás como querrías que te trataran a ti". El estoico resiste el impulso de responder a la grosería con la misma moneda.
El perfil estoico corresponde a aquellas personas que aceptan lo que pasa en la vida y entienden que hay cosas que no podemos controlar. Logran amar todo lo que les sucede.
La felicidad para un estoico no depende de factores externos, sino del desarrollo interno y la vida conforme a la razón y la virtud. Esta filosofía sostiene que la verdadera felicidad, o eudaimonía, se alcanza mediante la autodisciplina y el control de las emociones.
Para practicar el estoicismo en la vida diaria observa tus pensamientos, tus emociones y las señales del entorno con claridad. Esta atención plena te permite responder estratégicamente, en lugar de reaccionar impulsivamente, tanto en conversaciones criticas como en decisiones de alto impacto.
Ser estoico significa estar tranquilo y casi sin emociones. Cuando eres estoico, no muestras lo que sientes y aceptas lo que sucede.
Recuerda:
"No tienes que controlar todo lo que sucede.
Solo controla tu mente y tus reacciones.
Eso es poder."
Por todo lo anterior: Soy estoico.
